Entre apuntes que tenía sobre la librería, pequeños recuerdos, historias o anécdotas, José Manuel Padilla escribió esta extensa lista sobre lo que consideraba la base para la formación de un librero.

 

Un buen profesional del libro se forma a través de:

— Su propia formación académica.
— Lectura diaria.
— Información recogida de catálogos especializados.
— Información de las listas de libros de lectura obligada en facultades, institutos, etc.
— Información de las listas de libros recomendados por la prensa.
— Información a través de boletines de novedades de los editores nacionales y extranjeros.
— Información a través de revistas especializadas privadas o de entes públicos.
— Información a través de los catálogos de editoriales nacionales y extranjeras.
— Información a través de catálogos de librerías de lance y libro antiguo.
— Información de convocatorias de premios literarios y fallos de los premios concedidos.
— Información que se desprende de las desideratas de clientes.
— Atender los comentarios de lectura de los clientes.
— Leer críticas, reseñas y análisis de textos.
— Asistencia a conferencias, charlas, presentaciones de libros, recitales, etc.
— Asistencia a exposiciones, teatros, cines, conciertos.
— Audición de programas de radio sobre temas literarios.
— Visión de espacios dedicados al libro en TV.
— Visitas a bibliotecas privadas y públicas.
— Especializarse al menos en una materia y crear un banco de datos expresamente de esa materia.
— Conocimientos sobre la historia del libro.
— Conocimientos de tipografía.
— Conocimientos de encuadernación.
— Conocimientos sobre tipos de papel, cartulinas, cartoné, etc.
— Conocimientos de biblioteconomía y técnicas bibliográficas.
— Conocimientos sobre clasificación de los libros (CDU, ISBN, etc.).
— Conocimientos sobre conservación y restauración de los libros.
— Suscribirse a revistas profesionales y de crítica literaria.
— Visitar ferias del libro y actos que en ellas se celebren.
— Participar, si es posible, en estos certámenes, con exposición de fondos propios.
— Poseer biblioteca propia.
— Poseer cinemateca propia con películas sobre los libros y el mundo literario.
— Disponibilidad para dar charlas a grupos reducidos sobre su trabajo.
— Paciencia para escuchar el elogio o la crítica más dispar y terrible.
— Establecer acuerdos con otros profesionales del sector.
— Tener conocimientos sobre técnicas comerciales, escaparatismo, mercadotecnia, contabilidad, informática aplicada, correspondencia, conexiones a plataformas on line, etc.
— Conocimientos sobre la cadena comercial del libro, departamento comercial del editor, distribuidor regional, comarcal o provincial, facturación de novedades, devolución de invendidos, control de depósitos, reposiciones, ofertas y promociones especiales.
— Amar al libro sobre todas las cosas, nunca sobre las personas (salvo algunas).

 

“Libreros desde 1969”